Qué se llevaron de Éfeso: las piezas que hoy están en Viena y Londres
En Londres hay más de mil cuatrocientas piezas catalogadas con el mismo origen. En Viena, una sala entera. En Éfeso, una columna. Esta es la historia de cómo se repartió una de las siete maravillas del mundo antiguo.
En Londres hay 1.482 fichas en el catálogo online del Museo Británico con la procedencia «Temple of Artemis (Ephesus)». En Viena, el Museo Ephesos ocupa un ala entera de la Neue Burg con material excavado entre 1895 y 1906. Y en el propio yacimiento, de las 127 columnas que tuvo el Templo de Artemisa, queda una sola, recompuesta con tambores sueltos en un prado a las afueras de Selçuk. Esta es la historia de cómo se repartió una de las siete maravillas del mundo antiguo, y de qué puede ver usted hoy sin moverse de Turquía.
Dos expediciones separadas por treinta años
No fue un solo reparto ni un solo país. Fueron dos campañas de excavación distintas, con treinta años de diferencia, cada una con su propio museo de destino.
La primera la protagonizó un arquitecto británico, John Turtle Wood, que empezó a buscar el templo en 1863 por encargo del Museo Británico. Tardó seis años en dar con él: el terreno se había ido rellenando de sedimento del río Caístro durante siglos, y el templo llegó a quedar enterrado bajo más de seis metros de tierra. Lo encontró en 1869, y siguió excavando hasta 1874.
La segunda la llevaron arqueólogos austríacos, que trabajaron en Éfeso entre 1895 y 1906 bajo el paraguas de lo que hoy es el Instituto Arqueológico Austríaco. No se centraron solo en el templo: excavaron buena parte de la ciudad, incluida la Biblioteca de Celso. Lo que sacaron de allí formó, con los años, el núcleo del Museo Ephesos de Viena.
Londres: el Museo Británico y las 127 columnas que faltan
El Templo de Artemisa medía unos 137 por 69 metros —más de cuatro veces la superficie del Partenón— y tuvo 127 columnas de 18 metros de altura. Fue incendiado en el año 356 a. C. y saqueado por los godos en 262 d. C., y entre una cosa y otra prácticamente desapareció bajo la llanura.
Cuando Wood lo encontró, no quedaba un templo en pie: quedaban fragmentos, tambores de columna, capiteles y, sobre todo, secciones de la base decorada, las llamadas *columnae caelatae*, columnas con relieves esculpidos que eran una rareza incluso en su época. Wood embarcó lo que pudo hacia Londres, y hoy el Museo Británico conserva la colección más grande del mundo de material del templo: un tambor de columna esculpido, fragmentos de la decoración arquitectónica y cientos de objetos menores —cerámica, joyas, exvotos— hallados en las mismas capas. Buena parte se puede consultar en su catálogo digital, que es de acceso libre.
Vale la pena decirlo con claridad: lo que hay en Londres son fragmentos y objetos pequeños, no el templo. Nunca hubo suficiente en pie como para llevarse una fachada.
Viena: lo que trajeron los austríacos
El Museo Ephesos abrió en 1978 en la Neue Burg, junto a la plaza Heldenplatz, después de que las piezas pasaran décadas guardadas —entre 1901 y 1911, literalmente en otro templo, el Theseustempel del centro de Viena, porque no había sitio para ellas.
Ahí no está el material del Templo de Artemisa, sino el de otras excavaciones austríacas en la ciudad: el llamado Monumento Partho, un friso monumental de varios metros de largo; la Amazona del Altar de Artemisión; una estatua de bronce de un atleta raspándose con un estrigilo; y una pequeña escultura conocida como el Niño con un ganso. Ninguna pieza mayor de la Biblioteca de Celso salió de Éfeso: lo que ve hoy quien visita la fachada reconstruida es, en su mayor parte, obra original recolocada en el propio yacimiento.
Selçuk: lo que se quedó en Turquía
Aquí está el dato que sorprende a la mayoría de visitantes: no todo salió del país, ni de lejos. El Museo Arqueológico de Éfeso, en el centro de Selçuk, tiene dos estatuas colosales de Artemisa Efesia —las más fotografiadas de todo el yacimiento—, los frisos originales del Templo de Adriano, los mosaicos y objetos domésticos de las Casas Adosadas y la cabeza colosal del emperador Domiciano. Está climatizado, tiene un tamaño manejable de verdad —se recorre en una hora— y queda a menos de tres kilómetros del yacimiento.
Muy pocas de las excursiones estándar lo incluyen, porque exige tiempo extra que no siempre hay. Quien se aloje en Selçuk o llegue desde el puerto de Kuşadası con un itinerario de día completo puede añadirlo sin complicarse: se lo indicamos en la página de qué ver en Éfeso con las horas que hacen falta.
Por qué se lo llevaron (y por qué hoy ya no se podría hacer)
En el siglo XIX no existía la legislación de patrimonio que hoy protege los yacimientos turcos. Las excavaciones se financiaban a menudo a cambio de una parte del hallazgo, un sistema de reparto llamado *partage* que se practicó en toda la región —en Egipto, en Mesopotamia, en Anatolia— y que hoy está cerrado en Turquía desde hace décadas. Todo lo que se excava en Éfeso desde entonces, incluidos los hallazgos anuales del Instituto Arqueológico Austríaco, se queda en el país, casi siempre en el museo de Selçuk.
Es un dato útil para entender lo que se ve —y lo que no se ve— cuando se visita hoy: el yacimiento conserva la arquitectura y la escala de la ciudad, pero buena parte de la escultura de mayor calidad hay que buscarla en tres sitios distintos, y solo uno de ellos está en Turquía.
Qué puede ver usted, y dónde
Un resumen rápido para planificar la visita:
- En el yacimiento de Éfeso: la arquitectura in situ —calles, teatro, biblioteca, fachadas— y la única columna del Templo de Artemisa, a las afueras.
- En el Museo de Selçuk: las dos Artemisas, los frisos de Adriano y los mosaicos de las Casas Adosadas. A tres kilómetros del yacimiento.
- En Viena: el Monumento Partho, la Amazona del Altar de Artemisión y el resto del material austríaco.
- En Londres: los fragmentos del Templo de Artemisa y el hallazgo original de Wood.
Ningún itinerario de un solo día cubre las cuatro paradas —eso es evidente—, pero el museo de Selçuk sí encaja en cualquier excursión de día completo, y es la pieza que más gente se salta sin saber que existe.
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Si quiere incluir el Museo Arqueológico de Éfeso en su visita, dígalo al pedir presupuesto: añadirlo cambia el horario, y conviene planearlo con la excursión, no improvisarlo al final del día.
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Preguntas frecuentes
¿Por qué hay piezas de Éfeso en Londres y en Viena?
Porque dos equipos de arqueólogos extranjeros excavaron el sitio en el siglo XIX y principios del XX —los británicos en el Templo de Artemisa entre 1863 y 1874, los austríacos en toda la ciudad entre 1895 y 1906— y en aquella época era legal repartirse una parte de lo excavado. Ese sistema está cerrado en Turquía desde hace décadas.
¿Queda algo del Templo de Artemisa en el propio yacimiento?
Una sola columna, recompuesta con tambores sueltos, en un prado a las afueras de Selçuk. El resto del templo se perdió o se dispersó mucho antes de las excavaciones modernas.
¿Se puede ver algo original sin salir de Turquía?
Sí, y es más de lo que la mayoría cree. El Museo Arqueológico de Éfeso, en Selçuk, tiene dos estatuas colosales de Artemisa, los frisos originales del Templo de Adriano y los mosaicos de las Casas Adosadas.
¿Cuántas piezas del templo hay en el Museo Británico?
Su catálogo online devuelve 1.482 fichas con procedencia Templo de Artemisa de Éfeso, entre fragmentos arquitectónicos y objetos menores. Es la mayor colección del mundo sobre este templo.
¿Está incluido el museo de Selçuk en las excursiones a Éfeso?
No en todas: muchas excursiones estándar no tienen tiempo extra para incluirlo. Conviene pedirlo expresamente al planificar la excursión, sobre todo si se dispone de un día completo.
«Hermoso lugar, pero muy caliente. Si vas en verano debe llevar un paraguas y mucha agua. Teníamos casi 40 C grados. Es increíble y un lugar de visita obligada si estás en Turquía.»
aramo2011 — Puebla, México · octubre de 2015 · Ver en Tripadvisor