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Bitácora · vida en el yacimiento

Los gatos de Éfeso: por qué hay tantos y quién los cuida

6 min de lectura Equipo de guías de Gezginol

Nadie se va de Éfeso sin una foto de un gato tumbado en un capitel corintio. Esta es la historia de por qué están ahí.

Es lo primero que sorprende a mucha gente y lo último que esperaban fotografiar. Se llega a Éfeso con la cabeza puesta en la Biblioteca de Celso y se acaba haciendo veinte fotos a un gato atigrado que duerme sobre un fragmento de cornisa del siglo II como si le hubiera costado dinero.

No es casualidad ni es una anécdota moderna. Vale la pena contarlo.

Anatolia y los gatos vienen de lejos

La relación entre esta tierra y los gatos es antigua de verdad. En Chipre, a un día de navegación de esta costa, se halló en el yacimiento de Shillourokambos una tumba de hace unos 9.500 años con un humano y un gato enterrados juntos: la evidencia más antigua conocida de convivencia entre ambas especies, muy anterior al Egipto faraónico.

Esa convivencia empezó, según la explicación que recoge la Encyclopaedia Britannica, por puro interés mutuo: los primeros asentamientos agrícolas almacenaban grano, el grano atraía roedores y los roedores atraían gatos monteses. Nadie domesticó al gato en el sentido en que se domesticó al perro; más bien el gato se instaló solo y a los humanos les convino.

En la Anatolia posterior, los gatos nunca fueron objeto de culto como en Egipto, pero sí de una tolerancia práctica que ha durado milenios: se les dejaba estar porque cazaban ratones en los graneros. Y en la tradición islámica el gato tiene una consideración particular —se le considera un animal limpio, al que se permite entrar en las mezquitas—, lo que en la Turquía otomana y moderna consolidó una convivencia que hoy sigue siendo visible en cualquier calle de Kuşadası o de Selçuk.

Estambul es famosa por sus gatos hasta el punto de tener documentales dedicados. Pero el fenómeno es de todo el país, y en un yacimiento arqueológico se ve con una nitidez especial, porque el escenario es espectacular.

Por qué Éfeso les va tan bien

Si uno lo piensa desde el punto de vista de un gato, Éfeso es un sitio excelente.

Hay refugio en todas partes. Muros, huecos, bóvedas, tramos de alcantarilla romana, las galerías bajo el Gran Teatro. Miles de rincones a la sombra, secos y protegidos del viento.

Hay piedra caliente. El mármol acumula calor y lo suelta despacio: en primavera y en otoño, un bloque al sol es una estufa perfecta. Es exactamente el mismo motivo por el que a la una de la tarde en agosto no se ve ni un gato: se han metido todos a la sombra, que es lo que deberían hacer también los visitantes.

Hay comida. Ratones y lagartijas, y sobre todo tres millones de visitantes al año, una parte de los cuales lleva bocadillo.

Y no hay coches. Es un recinto vallado, sin tráfico, con guardas. Para un gato callejero, esto es un balneario.

Quién los cuida

No están abandonados a su suerte. El personal del yacimiento les pone agua y comida —verá cuencos de plástico junto a varias casetas—, y hay asociaciones locales de protección animal que se encargan de la esterilización y de los casos que necesitan veterinario. En Turquía existe además un sistema bastante extendido de comederos y bebederos municipales para animales callejeros.

Se nota en el estado de los animales: los gatos de Éfeso están, en general, bien alimentados y tranquilos con la gente.

Dónde se les ve

Por todas partes, pero hay puntos fijos:

  • La explanada de la Biblioteca de Celso. Es donde se hacen las mejores fotos, porque el fondo es el que es. Suele haber varios sobre los frisos y sillares que rodean la plaza.
  • La entrada de las Casas Adosadas. Sombra, gente y bancos.
  • Las gradas bajas del Gran Teatro. Piedra caliente y vistas.
  • Los alrededores de las taquillas, en ambas puertas, donde está la comida.

En la calle de los Curetes, a media mañana, suele haber alguno instalado en mitad del paso, indiferente a los cuatro mil visitantes que le rodean.

Los mismos ratones, dos mil años después

Hay una simetría que nos gusta contar en las visitas. Éfeso fue, entre otras cosas, una ciudad de almacenes. Todo lo que entraba por el puerto —grano, aceite, vino, tejidos— se guardaba en depósitos alrededor del Ágora comercial antes de seguir viaje tierra adentro.

Donde hay grano almacenado hay roedores, y donde hay roedores acaba habiendo gatos. No tenemos pruebas arqueológicas concretas de colonias de gatos en la Éfeso romana, y no vamos a inventarlas. Pero las condiciones que hoy los mantienen aquí —refugio de piedra, comida fácil y humanos que los toleran— son exactamente las mismas que había cuando la ciudad estaba viva y llena.

Dicho de otro modo: probablemente sean los descendientes de un negocio que funcionaba igual de bien en el siglo II.

Cómo fotografiarlos sin molestar

Un par de cosas que agradecerán tanto los gatos como los guardas:

  • Sin flash. Ni a los gatos ni a los frescos de las Casas Adosadas.
  • Agáchese en vez de acercarse. A la altura del animal la foto es mucho mejor y el gato no se levanta.
  • No les dé de comer. Están alimentados, y el embutido y el pan les sientan mal. Además, acostumbrarlos a pedir a los visitantes los pone en el camino de la gente.
  • No los coja en brazos. Son animales de calle, tranquilos pero no domésticos.

Un detalle que casi nadie sabe

La abeja era el símbolo de Éfeso: aparece en las monedas de la ciudad durante siglos y es el emblema que hemos tomado para el logotipo de esta web. Los gatos, en cambio, no aparecen en ninguna iconografía efesia conocida.

Y sin embargo, si uno mira las redes sociales, hoy hay muchísimas más fotos de gatos de Éfeso que de abejas efesias. Dos mil años después, el animal que representa la ciudad ha cambiado sin que nadie lo decidiera.

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Si viene con nosotros, pregúntele a su guía por los gatos: cada uno tiene sus favoritos y sabe dónde encontrarlos. Es una de esas cosas que no salen en ningún panel informativo y que la gente recuerda igual que la biblioteca. Puede reservar cualquiera de nuestras excursiones a Éfeso o escribirnos para un itinerario a medida.

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Preguntas frecuentes

¿Por qué hay tantos gatos en Éfeso?

Porque el yacimiento reúne refugio, piedra caliente, comida y ausencia de tráfico, y porque en Turquía existe una tolerancia muy arraigada hacia los gatos callejeros. El personal del yacimiento y asociaciones locales los alimentan y esterilizan.

¿Se puede acariciar a los gatos de Éfeso?

Están acostumbrados a la gente y muchos se dejan, pero son animales de calle: no conviene cogerlos en brazos ni darles de comer, porque ya están alimentados y el pan o el embutido les sientan mal.

¿Dónde hay más gatos dentro del yacimiento?

En la explanada de la Biblioteca de Celso, en la entrada de las Casas Adosadas, en las gradas bajas del Gran Teatro y alrededor de las taquillas de ambas puertas.

¿A qué hora se ven mejor?

A primera hora de la mañana y a última de la tarde. En las horas centrales del verano se refugian a la sombra y apenas se ven.

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✔ Opinión verificada de Tripadvisor

«Hermoso lugar, pero muy caliente. Si vas en verano debe llevar un paraguas y mucha agua. Teníamos casi 40 C grados. Es increíble y un lugar de visita obligada si estás en Turquía.»

aramo2011 — Puebla, México · octubre de 2015 · Ver en Tripadvisor